viernes, 24 de julio de 2015

PONT VELL DE MONTBLANC SOBRE RIO FRANCOLÍ

PONT VELL EN MONTBLANC-T

Sobre el río Francolí

EL PONT VELL MEDIEVAL DE MONTBLANC-TARRAGONA
Es bastante común que el puente antiguo de muchas poblaciones sea llamado "puente viejo", generalmente, por oposición al otro, al "puente nuevo". Se bautizaban catedrales, colegiatas, palacios, fuentes o plazas..., pero el vetusto puente por el que muy probablemente llegó la riqueza, el desarrollo,  la cultura, el trabajo o el propio arte a aquel núcleo, jamás tuvo nombre, o simplemente eso, el puente viejo..., o el nuevo. Se circulaba por su tablero sin mayor importancia, sin pensar que era eso precisamente, "el puente por el que llegaban las noticias o la prosperidad". Por Montblanc pasa la N-240, una insigne carretera nacional de 550 kilómetros que une Tarragona con Bilbao, esto es, el mundo mediterráneo con los ancestrales pueblos atlánticos del Golfo de Vizcaya; camino milenario que fraguaron los romanos y del que aún quedan retazos. El tramo de Tarraco (Tarragona) con Ilerda (Lleida) se corresponde con la Vía XXXII del Itinerario Antonino y utilizaba el valle del Tvlcis flumen (Río Francolí ) y la olla que conforma la Conca de Barberá para el avance hacia el NW peninsular.
El puente viejo de Montblanc  debería estar en la antigua calzada romana pero no queda rastro de él, bien porque su construcción en madera lo hizo efímero, porque lo derribaron en alguna guerra criminal o sencillamente porque su fábrica no aguantó las potentes riadas o avenidas que  se produjeron a lo largo de tantos siglos, lo cierto es que -en la actualidad- lo que podemos admirar es un bellísimo puente de huella medieval, probablemente construido en el siglo XII. Parece ser que disponía de dos portones arqueados de entrada a ambos lados, como vigilancia y para el pago del pontazgo, pero fueron derribados en el siglo XIX para ensanchar la calzada y permitir el tránsito de vehículos pesados. Todavía es útil pues permite su cruce para acceder al viejo Raval de Santa Anna, tanto a viandantes como automóviles.
Para llegar a su estado actual ha tenido que gozar de innumerables reformas o reconstrucciones, especialmente en el siglo XVII y XIX, con mayor o menor fortuna pero  manteniendo el porte y características del típico puente románico. Dispone de 4 ojos, los dos centrales de mayor luz, muy probablemente debieron ser apuntados, pero para suavizar los desniveles hacia ambas rasantes, propias de los puentes alomados, en alguna de sus reconstrucciones, se optó por disminuir la altura de ellos, con arcos rebajados, permitiendo aportar más luz y que fluyera mayor caudal, si era necesario, al tiempo que se conseguía un tablero más horizontal, aunque siga siendo del tipo "lomo de asno" en los arranques de cabeceras. Dispone de un potente tajamar-espolón en su zona central (muy reformado),  que ha permitido recrear un descansadero en superficie para el mejor tránsito de viandantes o acémilas con carga; otros dos tajamares aguas arriba, más bajos, con muy buenos sillares, con varias hiladas escalonadas que no llegan a pretiles y aún queda un pequeño espolón aguas abajo. La fábrica es de sillar de piedra arenisca, bien aristada, tallada con esmero, aunque con variado cubicaje y que hace patente las diferentes formas en que se acometieron los trabajos de recuperación a lo largo de su historia. Siendo en general la colocación de la piedra prácticamente "a hueso", esto es, sin argamasa que uniera las piedras, se observan trabajos de restauración donde abunda el revoque permanente , quitando esbeltez al conjunto de la obra. Quizás, a mi modo de ver, la zona de tímpanos en algunos arcos son manifiestamente mejorables; se observan detalles en una sección de arco central donde el emboquillado (parte visible) es muy deficiente ya que más que dovelas con rosca (curvatura en cuña), se utilizó sillarejo -es un decir-, conformando un arco falso, que no se sostendría por sus simples apoyos ni desplazaría correctamente las tensiones hacia los estribos o pilares. Es un mero adorno efectuado en alguna de sus restauraciones, consistente en fijar las piedras con cemento o quizás, con pequeños bulones interiores. Esto se pudo hacer, debido a la excelente calidad y disposición de las dovelas del interior de la bóveda que son las que auténticamente soportan el peso de todo el tablero y desplazan el empuje de cargas hacia los sólidos pilares. Precisamente en las bóvedas es donde se observa la mejor yuxtaposición de piedras o dovelas, colocadas a hueso salvo pequeñas reparaciones donde se añadió ligamento con mortero de cemento o colas;  se aprecia mejor factura en las boquillas del resto de arcadas ya sea hacia los riñones o las impostas. Los pretiles, más modernos, se hicieron de mampostería ordinaria, aunque bien enrasada, imitando un estilo tradicional del Medievo coronados con un discreto pasamanos curvo de cemento. La longitud del tablero se aproxima a los 55 metros y el ancho es de 4,10 metros incluido pretiles por lo que resulta angosto para la circulación cruzada de carros o vehículos. Calzada rehabilitada con mampuestos enrasados al modo de adoquín siguiendo un estilo rústico o medieval. 
Quizás, la peculiaridad del "Pont Vell" de Montblanc esté en su acentuado carácter artístico. Lo común en la obra civil ingenieril es construir un puente robusto, práctico y permanente, dejando su posible estética a la pura belleza de la geometría, pero el puente medieval del que me ocupo, tiene más: Parece ser que en una de sus reformas del siglo XVII (yo diría que bastante después del Barroco), se aprovecharon rebutjos (restos) de un viejo friso del pórtico de la Iglesia de Santa María para encastrarlos en los tajamares del oriente, incorporando el concepto de "decoración" a la mera construcción de pasos sobre un río. Sobre piedra caliza y muy porosa, aún son visibles orlas romanas, caracolas, león rampante, sierpes, un cuerno de Fortuna, todo ello aderezado con dos figuras humanas al más puro estilo cubista, entre otra simbología ignota para un jodido camionero como el Quirce.
Bien es cierto que, a diferencia de otros muchos puentes, el de Montblanc se encontraba en el Camino de Santiago catalán, y era seguido (ignoro sí sigue siéndolo) por multitud de peregrinos que enlazaban con el correspondiente aragonés en Jaca, en dirección W hacia Galicia. Embellecer el Pont Vell para la admiración de peregrinos, viajantes o camioneros fue un acierto y ahí sigue, después de tantos siglos, aportando esbeltez al pintoresco conjunto medieval de esa villa y dando categoría a una de nuestras carreteras nacionales con más historia.
Acceso: Como decía, se encuentra en la antigua nacional N-240 que cruzaba el pueblo (ahora lo hace por su variante) unos metros antes de llegar a la muralla; pasado el PK 35 se toma el desvío a la villa. También se puede acceder por la AP-2 salida 9 a Montblanc o bien, por la C-14 autonómica que lleva al aeropuerto y a Reus.  No existe señalización informativa de dirección al monumento aunque sí dispone de un expositor que informa sobre su historia y avatares junto a la cabecera de margen derecho.
Salud, buena lectura y mejor ruta.
 Para saber más y ver otras instantáneas de este bellísimo puente.


Tomas de fecha 06.10.2008


Toma de fecha 23.06.2012








Tomas del 23.07.2012


Toma del 24.07.2012 desde el camión.



Toma del 30.05.2013 desde el camión.



Vieja postal del puente aproximadamente entre los años 1905/1915





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