domingo, 13 de septiembre de 2015

PUENTE DE LUCO DE JILOCA SOBRE EL RÍO PANCRUDO

PUENTE ROMANO DE LUCO DE JILOCA-TE SOBRE EL RÍO PANCRUDO 

N-234 PK 198


La mítica e insondable carretera nacional N-234 que discurre entre Sagunto y Burgos a lo largo de 491 kilómetros nos depara paisajes imborrables, historia en muchos tomos polvorientos, arte original o ecléctico de indígenas, romanos, árabes o castellanos y , por supuesto, algunas incógnitas. Probablemente era uno de caminos habituales romanos que comunicaban el levante mediterráneo de sus ciudades y prósperos puertos con el lejano mundo atlántico del golfo de Vizcaya. Hay constancia y testimonios sobre trazos de la antigua calzada en la zona valenciana, en Teruel y en Zaragoza y si bien es cierto que la cuadrícula K-30 de la Tabula Imperii Romani sólo asegura la ruta del XXXIII Itinerario de Antonino entre nuestro puente (Entrambasaguas) y Cesaraugusta (Zaragoza), continuando hacia la Galia, también se apunta una vía de primer orden hacia Bilbilis (Calatayud), plenamente coincidente con el camino de la actual carretera nacional N-234.

Bueno, pues en el PK 198 de la N-234 junto al desvío de Lechago (A-2512) existe un cartel indicativo de que se cruza el río Pancrudo al tiempo que se informa tímidamente de que allí existe un puente romano. Hay un mínimo desvío y una zona arbolada y de aparcamiento donde dejar el camión con cierta tranquilidad y sin estorbar. Estamos en el término de Luco de Jiloca, puebluco que pertenece al municipio de Calamocha-TE  en la Comarca del Jiloca, al NW de la provincia turolense.

Junto a la carretera nacional, en el lugar denominado "Entrambasaguas" llamado así pues es donde se juntan los cauces del río Pancrudo y otros arroyos con el río Jiloca, se mantiene erguido uno de los puentes de fábrica romana más esbeltos y bonitos de nuestra geografía peninsular. Si bien es cierto que los especialistas no se ponen de acuerdo en la fecha de su construcción (entre S. I a.C y II d.C) hay mayor coincidencia en que se siguió el modelo y disposición característico en la república cuyo prototipo puede ser el Puente de Cangas de Onís, el de Villa del Río o el que existe en la vieja carretera de Torrelodones-El Escorial, en Madrid (éste de un sólo arco). Otros modelos paralelos, siguiendo la tipología de puentes de pequeño porte con luces inferiores a 15 metros, acercan nuestro puente a los de Rumblar, Tormuja, Gibralzo, Caganchez o El Cubo, datados como puentes romanos republicanos o en tránsito hacia el primer imperio.

Como es natural, la obra actual no es la misma que construyó el ingeniero romano pues a lo largo de los siglos ha sufrido desperfectos y derribos, especialmente por las potentes riadas que se producen en la confluencia de estos cauces. Quizás, el mantenimiento más importante y continuado haya sido en época musulmana, e intermitentemente en los siglos XVIII y XIX; recientemente se ha procedido a la última rehabilitación, configurando un espacio de recreo. Resulta curioso que allí mismo exista un panel informativo del famoso accidente ferroviario en el puente contiguo, acaecido en 1904 y sobre el puente romano , la administración aragonesa pase de puntillas con una escueta reseña del puente romano.

Características actuales de la obra: Consta de tres vanos con arcos de medio punto parcialmente tapados en sus arranques por aluviones y limos por lo que -como se apunta erróneamente en algunas webs- parece que la configuración en curvas es rebajado, caso rarísimo en obras pontoneras anteriores al siglo XVIII. Los cañones de bóvedas y su largo intradós marca la pauta de arco de medio punto en los tres vanos. Destaca sobremanera el arco central con luz de 10,900 metros según medición que realicé recientemente; si seguimos la proyección del medio círculo bien podría coincidir con la luz que habitualmente citan en las webs que tratan sobre este puente, incluida la de la Enciclopedia Aragonesa o la Wikipedia, que sostienen una longitud en base del arco de 11,200 o 12,200 metros aunque me sigue pareciendo excesiva; flecha aproximada a los 5 metros teniendo en cuenta la variación de caudal así como de lecho medio. Acompañan al bello arco central dos arquillos gemelos en cada cabecera con luces actuales de entre 4,30/5,00 metros muy colmatados por arenales con lo cual, resulta difícil las mediciones y el estudio de intradós, basamentos, salmeres o riñones. Aguas arriba dispone de dos fuertes y completos tajamares, muy enterrados, sobre los que se asientan dos arquillos de aliviadero disimétricos, al más puro estilo de pontonería republicana romana, estos con perfectas bóvedas de cañón y pequeñas luces de aproximadamente 1,60 metros. Aguas abajo, como caso curioso, carece de espolones o contrafuertes que probablemente desaparecieron en alguna de sus ruinas y no se restauraron en la correspondiente rehabilitación.

Como no se persigue la simetría dado que los arquillos de aligeramiento no tienen la misma altura desde clave aunque partan de la misma horizontalidad y uno de ellos está al borde de la rasante (coronación del tímpano) cabe pensar que esta obra no presentaba, como viene siendo habitual en las romanas, un tablero plano por lo que su diseño es del tipo alomado, a dos aguas, quizás más suavizado en su origen ya que sí se aprecia en la actualidad que tanto estribos como cabeceras se prolongaban más metros, ahora cortados por sendas vías de tierra. Este tablero angulado tiene una longitud actual de 35 metros y un ancho de 3,400 metros hasta los bordes siendo todo calzada ya que carece de pretiles en la actualidad. El tiempo y la angostura del puente han ido marcando los nuevos caminos adyacentes y así, debido a que el estiaje es largo, mayormente tanto carretas como ganado (ahora maquinaria agrícola) ha vadeado por el propio cauce en ambas caras evitando el cruce por su tablero y creando estos caminos señalados que han cortado en algún momento el larguero original de la obra pues estorbaba la ruta. Esto ha incidido en que ahora la vertiente oriental del tablero sea más larga por lo que desajusta el auténtico equilibro y geometría de la obra independientemente de que siga siendo uno de los puentes romanos más bellos de nuestro territorio.

En cuanto a fábrica y paramentos cabe señalar la mezcla en obra de diferente trabajo en piedra, generalmente caliza, aunque de aparejo regular en la mayoría de sus lienzos se observan piezas con cubicajes irregulares, predominando en zonas bajas el sillar de huella romana (opus quadratum). En general la labor de cantería en terminación es buena, produciéndose hiladas paralelas y bien acopladas a hueso aunque es evidente que en trabajos de reconstrucción y rehabilitación se han incorporado diferentes llagados de argamasa o lechadas en juntas para su consolidación que quitan prestancia a la obra. Quizás, la última rehabilitación haya sido exagerada pero, se puede comprobar que la obra es de buena calidad. Las boquillas de los arcos son perfectas, con dovelas iguales, bien asentadas y marcando la rosca geométrica (medio arco completo); otras, procedentes de restauraciones, ya se han trabajado dando forma acuñada con sierra mecánica o radial.  El intradós conforma bóvedas plenas, con sillares homogéneos, en hiladas contiguas, eso sí, con lechadas de cemento hidráulico. Los  tímpanos a ambas caras, rehabilitados, presentan también sillares de caliza, más o menos regulares, unidos con mortero pero siempre, completándose en hiladas consecutivas. Podemos apuntar que la fábrica plena es de buen sillar y sillarejo pero no se observa la incorporación de mampuestos como se indica en la variada información de fuentes citadas.  Sobre el extradós, subsiste un firme empedrado, imitando remotamente el de una calzada romana excesivamente fijado con hormigón que constituye el vial actual. No dispone de pretiles y muy probablemente nunca los tuvo ya que el ancho del puente es, como decía, de 3,400 metros y con pretiles resultaría muy angosto aunque sí parece probable que dispusiera hasta su última rehabilitación de alguna ligera barandilla metálica. En cabecera de margen izquierdo -aguas arriba- subsisten restos de un muro o empalizada de contención de aguas con fábrica de sillares de gran cubicaje, bien tallados y asentados como forro o cara vista y un hormigonado grueso a base de piedras variadas como soporte interior del muro.

Se encuentra en buen estado aunque sería de desear que se procediera a un dragado para poner en vista los arcos laterales y revisar técnicamente el estado de cimentación, basas, hastiales y contrabóvedas. Por otra parte, debería estudiarse su cambio de emplazamiento. Es muy frecuente que, con el desarrollo de la red de carreteras y autovías, muchos de nuestros puentes antiguos, se encuentre prácticamente pegados a las calzadas modernas -apenas separados por unos pocos metros- perdiendo belleza y perspectiva. Es paradójico que se asigne la categoría de monumento nacional, autonómico o de interés artístico a muchos de nuestros puentes y no se tenga en cuenta su actual ubicación, arrinconados o bajo infraestructuras modernas desproporcionadas. Respecto al puente de Luco de Jiloca cabe señalar que tiene la categoría de BIC según BOA (Boletín Oficial de Aragón) de fecha 08.10.2001 aunque se encuentra excesivamente cerca de la nacional N-234 y de una vieja obra pontonera sobre el río siguiendo los feísimos modelos del Ministerio de Fomento para desagües a través de caños en serie que desvirtúan o contaminan cualquier intento de fotografiar la obra romana exenta de interferencias en visión desde aguas abajo.

Si intentamos fotografiar la obra desde aguas arriba, nos toparemos con otra obra pontonera, al menos esta más original. Se trata de un bello puente ferroviario con vigas de celosía en tablero intermedio estructuradas en cruces de San Andrés en la zona central y cuadrículas trianguladas con diagonales en ambas cabeceras. Este puente de la sociedad Ferrocarril Central de Aragón, conocido como Puente de Entrambasaguas,  inaugurado a principios de 1.904 sufrió ruina a los pocos meses ya que una potente arramblada producida el 22 de junio de aquel año, socavó la cimentación del estribo izquierdo y se derrumbó al paso de un convoy ocasionando una tragedia que aún se recuerda pues existe información en un panel al efecto. Actualmente fuera de servicio, pide a gritos una mínima rehabilitación que ponga en valor una típica obra pontonera ferroviaria en estructura metálica. Ver aquí

Destacar el acierto urbanístico al crear una zona de esparcimiento como parque en los aledaños de este monumento para disfrute de las gentes del lugar, al tiempo que se pone en valor la obra y se acentúa el respeto, admiración y conocimiento sobre el patrimonio histórico y lineal que existe en nuestra red viaria. Se utiliza exclusivamente como paso peatonal y la cartelería informativa sobre el monumento es muy mejorable.

Cómo llegar: Como ya he indicado se encuentra en la carretera nacional N-234 PK 198 junto a la Ermita de Nuestra Señora del Rosario y en las cercanías del pueblo de Calamocha. Dado que esta carretera está montada con la nacional N-330 por estos lares, pues si circulamos por ella estaría en el PK 396 de la misma. Desde Madrid hay que salir por la autovía A-2 hasta el PK 232 (antes de llegar a Calatayud) donde ya podemos coger la nacional N-234 dirección SE por el Valle del Jiloca hasta nuestro destino. Desde Valencia se cogería la autovía A-23 (que marcha junto a la nacional N-234) hasta el desvío de Calamocha en el PK 185 donde tras cruzar este pueblo ya podemos coger la carretera convencional hasta el mismo puente. También, y aprovechando el paso por Calamocha, se puede visitar otro puente romano muy interesante llamado "De las Fábricas" restaurado en el año 2.002 y que está situado junto a los viejos lavaderos de lanas con acceso fácil si seguimos las indicaciones de dirección en el propio pueblo.

Bien, allí estuvo el Quirce con La Merche (su camión) y así lo cuenta, invitando a camioneros, viajeros y curiosos a visitar esta joya de la ingeniería civil o carreteril romana, vieja como el tiempo.

Para saber más: Hay muchos estudiosos que aluden al puente romano de Luco de Jiloca, aunque el mérito principal lo tiene Joaquín Traggia que a finales del siglo XVIII ya se fijó en él y lo cita como "Puente de Entrambasaguas". Martín Almagro lo redescubre en algún periplo que realiza en 1.940 y que publica en un trabajo de 1.952 titulado: Dos puentes romanos turolenses en la vía romana y medieval de Zaragoza a Córdoba. A Saavedra le pasó desapercibido en su amplio estudio de 1862 y tanto Fernández Casado como Fernández Troyano (CSIC) lo alaban, considerándolo uno de nuestros mejores puentes romanos de época republicana. Más información en la web de la Gran Enciclopedia Aragonesa, en la de Turismo por la Comarca del Jiloca o en la Wikipedia, especialmente en la voz "Puente romano de Luco de Jiloca" 

Fotos en Wikipedia

Más información y fotos del puente en la web de Biodiversidad Virtual

Respecto a la larga y bella carretera nacional N-234 ya publiqué dos artículos recogidos en la revista Solo Camión números 280 y 281 de junio y julio de 2.013.


Dibujo del alzado del puente realizado por el ingeniero Carlos Fernández Casado hacia 1.960 para los trabajos que compiló después en su obra Puentes romanos-CSIC 1980. 





Buena imagen del puente en enero de 1.987 publicada en el monográfico "Guía de Puentes de España" revista del viejo MOPU Nº 345 de julio-agosto de 1.987.







Tanda de fotos realizada el 14.05.2012


Foto de fecha 04.01.2013






Tanda de fotos de mi última visita realizada el 29.10.2014


Ilustración de Antonio Aragüez Vela para la Revista MOPU de julio-agosto de 1.987


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