sábado, 11 de marzo de 2017

PUENTE DE HERRERA SOBRE EL RÍO GUADARRAMA

PUENTE DE HERRERA SOBRE EL RÍO GUADARRAMA, Galapagar-M.

  M-519 PK 3


Viejo puente del siglo XVI, puede que sea el paradigma de las obras pontoneras renacentistas. Destruido y abandonado el puente de Alcanzorla así como el camino donde se encontraba, se decide un nuevo itinerario con destino al Real Sitio de El Escorial. En tiempos de Felipe II con la capitalidad en Madrid  y con el empeño de construir la obra magna del monasterio y palacio a los pies de la Sierra de Guadarrama, resulta necesario retocar el viejo camino de Madrid a El Escorial que, como ya he mencionado en otras entradas, era por la carretera de Castilla (actual A-6 y N-VI) hasta Guadarrama donde se derivaba por un antiguo cordel ganadero (actual M-600) hasta la zona del palacio-monasterio. Un itinerario que desde Madrid o El Pardo, se dirigiera por Torrelodones y Galapagar hacia El Escorial, ahorraría aproximadamente 18 kilómetros. Se arreglan viejas coladas y caminos carreteros en la zona con el fin de de que parezca un auténtico camino real y entre los inconvenientes que surgen está el cauce del río Guadarrama, en este punto, con más anchura y caudal. 

Hay constancia de documentos y otros testimonios por los que el propio Felipe II encarga este proyecto a su arquitecto real, Juan de Herrera (1533-1597), que ya habia construido en Madrid el Puente de Segovia sobre el río Manzanares y llevaba a cabo las obras de construcción del palacio-monasterio de El Escorial. La calzada de esta ruta se termina en 1.560 y Herrera culmina su puente entre 1.583 y 1.588. A requerimiento del rey es financiado por la orden jerónima que administra el monasterio. Los maestros de obra encargados del proyecto fueron los hermanos Juan y Pedro de Nates, canteros de origen trasmerano.

También es conocido como Puente Nuevo, ya que sustituyó al viejo de Alcanzorla. Otros lo denominan Puente de las Minas o Puente de la Parrilla ya que en claves tiene grabada una parrilla aludiendo al martirio de San Lorenzo, denominación y emblema del Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial. 

Características de la obra: Dispone de un solo vano con arco de medio punto con luz de 13,30 metros. Escoltado por dos tajamares y espolones en forma de cuña y coronados con sombreretes. Boquilla  de doble rosca. La inferior con dovelas a tizón y la superior con dovelaje en estrella para que la unión con las hiladas de tímpanos sea perfecta y armónica. Tablero horizontal con un ancho de 5,80 metros y gruesos pretiles en bordes a base de ortostatos de granito; la fijación de estos bloques en pretiles se hizo con grapas de hierro. La fábrica es de piedra de granito con dos tonalidades diferenciadas: piezas más oscuras con mayor abundancia de biotita, provenientes de canteras de Torrelodones y otras piezas más claras o blanquecinas de granito más granulado que llegaron de las canteras de El Cardín y Hoyo de Manzanares. En general, la obra de cantería es espléndida, con paramentos muy bien colocados con sillares regulares en altura, aproximadamente de 40 centímetros, y variada soga que oscila entre 40 y 118 centímetros, manteniendo las hiladas horizontales y bien dispuestas a hueso. 

Tablero de 82 metros de longitud, incluyendo zona de estribos y 4,66 metros de anchura. La calzada dispone de 3,86 metros y los pretiles tienen una anchura de 40 centímetros y una altura de 1,25 metros. 

La estructura apoya en estribos-pilas reforzados por los tajamares y cuyas basas se disponen sobre un suelo de roca madre granítica al que se llega tras excavar apenas un metro en el lecho lodoso del río sin necesidad alguna de pilotajes. Si esta peculiaridad fue una necesidad es lógico pensar que ayudó mucho a que, tras varios siglos, siga gozando de la firmitas que intuyó su proyectista ya que, pese a las incontables avenidas que habrá soportado la estructura, no se han producido socavaciones que hicieran peligrar la obra. Por último, resaltar la recuperación del enlosado original de la calzada, tras permanecer oculto durante años bajo las capas habituales de asfalto. 

Este puente ha permanecido en uso hasta no hace muchos años y dado que pertenecía a una calzada de tercer orden, más tarde carretera provincial, ha tenido que soportar la fatiga de tráficos elevados, incluyendo vehículos pesados, que circulaban alternativamente con cesión de paso. Tras algunas decisiones incomprensibles de la administración, se decidió ensanchar el tablero -como en innumerables casos a lo largo de los años 70 y 80 del siglo XX- con el hábil recurso de los tornapuntas de acero y losas de hormigón en ambos cantos que solían apoyar también en tajamares y espolones, eso sí, desnudándoles de adornos y sombreretes gallonados. Lo cierto es que se llegaron a iniciar las obras de desmantelamiento, empezando por los pretiles e inbornales. Resulta curioso y estimulante que la sociedad civil de aquellos años, quizás guiados o asesorados por la argumentación sólida de especialistas y de la propia Dirección General de Bellas Artes, paralizara el proyecto de ensanche de tal calzada y que la Adninistración reconsiderara su proyecto. Entre los años 1986 y 1989 se diseña una variante en aquel punto con la construcción de otro precioso puente que subiré pronto al blog pues le presté atención cuando trasteaba por allí fotografiando y midiendo nuestro Puente Nuevo. No obstante, no me resisto a incluir un estudio serio, constructivo y muy didáctico del puente de Herrera, de las vicisitudes por las que atravesó cuando se le quería modificar así como otras concesiones tecnico-artísticas que copio del blog FCK Estructural con citas de su autor, Javier Parrondo. Por supuesto que también hay que citar a Fernández Troyano o Navascués, figuras en las que también me he apoyado para mi trabajo sobre los caminos reales al Real Sitio de El Escorial y, lógicamente, a sus variados puentes. Leer con atención este texto en cursiva pues son auténticas lecciones y reflexiones de gran interés para los amantes o aficionados a la pontonería. 

[...] El mundo renacentista es matemático y su armonía es la de las esferas. Las formas más puras son el plano, el cubo, el círculo. El espacio medieval, aristotélico, como “lugar en el que se sitúan las cosas“, deja paso a la idea platónica de espacio, considerado como “una de las esencias del ser, que solo tiene sentido y existencia cuando está ocupado por la entidad real del objeto”. En arquitectura eso significa una vuelta a los ordenes griegos y romanos: se prefiere el muro a la bóveda, y lo sólido a lo hueco; se valora la superficie de los muros, que se realza mediante el almohadillado y se anima con elementos armónicamente equilibrados: cornisas, pilastras, etc. El puente de Herrera es prototípico de esta concepción. Hasta tal punto que en realidad este puente es un muro, de 5,60 metros de anchura. Los tajamares funcionan como pilastras, enmarcando el arco y aligerando estéticamente el muro, ya que hidráulicamente son ineficientes. El arco es un elemento subsidiario que no tiene entidad en sí mismo, se define por contraposición, es la ausencia de muro. Un único vano de 13,30 metros de luz que ni siquiera salva en su totalidad el cauce bajo del Guadarrama, en un muro de más de 70 metros de longitud. Ni una concesión más, ni un hueco más para aliviar las avenidas en las terrazas superiores.

Por eso, y a pesar de su modestia, este puente es un símbolo de poder, casi de empecinamiento, que ha subsistido hasta nuestros días gracias al granito de la sierra de Guadarrama; el de sus sillares y, sobre todo, el del terreno de cimentación. No cabe duda de que es una extensión del monasterio (lo realizaron los mismos maestros de obra y los mismos canteros  y participa del hermetismo de éste, lo cual tratándose de un puente, una de cuyas funciones principales es la de permitir el paso del agua, tiene mucho mérito.

Pero lo que más impresiona cuando se contempla en vivo es la maravillosa perfección con la que se ejecutó; aún hoy, más de 400 años después, muestra un acabado formal apabullante y una pureza de líneas excelsa. Herrera lo quiere controlar todo. Proviene no sólo de una concepción global diseñada hasta el último detalle, sino de un cuidado absoluto de la ejecución y los procesos canteriles del arte de montea: Las especificaciones que dispuso para la ejecución eran muy precisas en cuanto a la cantería (incluye el despiece de los sillares singulares: los del arco, los tajamares, el antepecho y el segundo arco), pero también en el acabado de la superficie, donde prescribe que se realice un abujardado a escoda. Y además, probablemente usaría en este puente la novedosa técnica que introdujo en los muros de El Escorial para ahorrar espacio a pie de obra y reducir el tiempo de ejecución: una suerte de prefabricación. Contra la práctica habitual de la época, pedía que los sillares llegaran de la cantera ya labrados cada uno con su forma. En obra se colocaban directamente y se daba un pulido final  de toda la superficie mural conjuntamente. Conseguía así una superficie homogénea, “arquitectónica” frente a la imagen mas irregular, “canteril”, de las fábricas medievales. Parece que los arquitectos romanos ya usaban esta técnica; en el renacimiento la concepción unitaria del arquitecto vuelve a imponerse sobre la figura del cantero. El muro será probablemente el de triple hoja de la tradición romana (descrito por Vitruvio, inventado por los romanos “buscando la rapidez”), como los de El Escorial, es decir un relleno de “froga” (mortero de cal con piedras) inserto entre los dos paramentos exteriores de sillería.

El puente tiene tajamares triangulares en ambos paramentos, rematados con sombreretes piramidales. Sobre él dice Fernández Troyano: “El puente de Herrera sobre el río Guadarrama es de una composición y un cuidado en su ejecución muy singular dentro de los puentes históricos españoles. “El despiece del arco con doble rosca, una inferior normal y una superior con el trasdós escalonado para clarificar el encuentro con los sillares del tímpano, es único en la historia del puente en España, y precursor de la solución del trasdós escalonado utilizada con profusión a finales del siglo XVIII y el siglo XIX, aunque en estos casos el escalonamiento se hace en la rosca única que forma el arco sin el desdoblamiento que se produce en el puente que estamos tratando. “Esta perfección en todo su tratamiento y la cuidada composición hacen de este puente, a pesar de su pequeño tamaño, una pieza importante en la historia del puente en España“. 

Navascués coincide con Troyano en la rareza de la solución del arco: “Desde el punto de vista constructivo (…) no tiene antecedentes en los puentes medievales ni renacentistas, y, en todo caso, habríamos de señalar vagas analogías con algunos puentes romanos” . Y cita el puente romano de Alcántara, en Cáceres, como precedente de la solución de la doble rosca montando el intradós de una sobre el trasdós de la otra. En el escalonado del trasdós de la segunda rosca ve Navascués equivalencias con uno de los primeros bocetos que Palladio hiciera para el puente de Rialto, que se conserva en el museo de Vicenza; aunque considera que Herrera no pudo conocerlo, porque el dibujo no se publicó y, como sabemos, el puente de Rialto se erigió finalmente según un modelo muy diferente, de Antonio da Ponte, y no se terminaría hasta 1591. 

Intentando completar la búsqueda de antecedentes o analogías, hemos encontrado un precedente ilustre, que sin duda conocieron Palladio “in situ”, y Herrera por referencias (aunque estuvo en el norte de Italia dos veces, primero con la comitiva del entonces príncipe Felipe y luego como soldado, con Fernando de Gonzaga, parece que no llegó a visitar Roma. 

Se trata de un puente construido más de 1.400 años antes: el pons Aelius, más conocido ahora como puente de Sant’Angelo, sobre el Tíber (Roma, 134), con 5 vanos de 18,35 metros de luz y pilas de 7,20 metros de ancho, para una longitud total de 135 metros y una anchura de tablero de 10,30 metros. Es uno de los puentes romanos más fascinantes, construido por el emperador Elio Adriano para acceder desde la ciudad de Roma a su mausoleo, lo que luego sería el castillo de Sant’Angelo. Como éste, estaba cubierto de mármol travertino, aunque el mausoleo lo perdió quedando la apariencia actual de piedra volcánica rojiza. El puente se ejecutó probablemente bajo el proyecto y la dirección del arquitecto del mausoleo, Demetrianus. Es una obra de una elegancia y una plasticidad deslumbrantes, pero lo que hoy podemos ver no es lo mismo que admiraron Palladio y Herrera, ya que de la obra romana sólo quedan los tres arcos centrales. La composición original del puente era distinta, mucho más parecida al boceto de Palladio para Rialto, con los tres arcos centrales actuales y, a cada lado, sendas rampas apoyadas en dos arquillos de menor tamaño, como se puede ver en grabados y cuadros de distintas épocas, por ejemplo, las famosas Antigüedades de Roma de Piranesi. Fue en 1892 cuando se decidió ampliar la capacidad de desagüe del puente, para lo que se diseño la sustitución de cada pareja de arcos laterales por uno único similar a los tres centrales y la elevación de los muros laterales de encauzamiento, de forma que la rasante quedó prácticamente horizontal. Parece evidente que Andrea Palladio se basó en el puente de Sant’Angelo para su propuesta en Venecia. Pero ¿lo hizo también Herrera para este modesto paso del río Guadarrama? No lo sabemos, pero el puente romano presenta muchas coincidencias con el de Herrera: es un puente realizado específicamente para acceder a un panteón real (donde será enterrado el soberano que promueve su construcción), erigido a la vez que éste y por el mismo arquitecto, y con las mismas técnicas y materiales ¿Casualidad? Puede ser, pero Herrera debía de conocer perfectamente las circunstancias que emparentaban este puente con el que a él se le encargaba. Primero, directamente de su maestro, Juan Bautista de Toledo que trabajó varios años en Roma como asistente de Miguel Ángel, Antonio Labacco o Antonio Sangallo. Y luego, a través de su magnífica colección de libros de arquitectura, entre los que se encontraban varios ejemplares con grabados de monumentos romanos, la “guía” de las antigüedades de la ciudad de Roma del propio Palladio, el libro de Labacco  o la obra de Marco Bernardo Gamucci , que incluía grabados de monumentos romanos según diseño de Giovanni Antonio Dosio.

La solución de trasdós escalonado figura abundantemente en estos libros, ya que era un recurso habitual en esas obras de la antigüedad romana, aunque no tanto en puentes como en puertas de homenaje, arcos de triunfo o en arcadas de palacios y edificios civiles. Por ejemplo, en el último de los libros citados, figura este grabado del foro de Nerva, en el que se puede ver un arco muy parecido al de nuestro puente. En realidad, esta solución era muy común en el cinquecento sobre todo en portadas. El propio Herrera la utiliza en las puertas de salida de la basílica del monasterio al patio de los Reyes.

Yo no puedo dejar de pensar que el diseño del puente, con la extraña elección de un único arco y la peculiar disposición escalonada de sus dovelas, quiere participar del simbolismo del monasterio y es una referencia al poder omnímodo del rey y a la imagen solar de Felipe II como centro del universo, identificado con el Apolo-Cristo fundador de una nueva Edad de Oro cristiana, con la que la monarquía quería reforzar su “voluntad hegemónica y expansionista“. Porque, como dice Aramburu-Zabala, este puente “es una obra real, para Felipe II, y no una obra pública”.

Los avances estructurales durante el siglo XVIII fueron notables, pero lo más curioso es que se llegó a ellos sin ninguna intención estructural. La motivación técnica de Perronet fue siempre y solo hidráulica. Todos sus avances en el diseño de puentes vienen de esa preocupación: el uso de arcos cada vez más rebajados, la pilas cada vez más esbeltas, los “cuernos de vaca“, todos son recursos para liberar espacio físico del cauce, para reducir o suavizar la presencia del puente ante el flujo de agua. Todo lo contrario que Herrera, al que evidentemente, eso le importaba un comino (aparte de que el Guadarrama o el Manzanares no son el Sena).

La perfección del puente de Herrera sigue apabullando y en su modestia es capaz de despojarse de todo elemento decorativo y, en este sentido, entronca con la ingeniería de puentes actual y formalmente se encuentra más cercano a la sensibilidad contemporánea. Su severidad viene de su visión cosmológica del mundo, lulliana y neoplatónica: la esencia del universo no es la materialidad aristotélica de las cosas, sino la armonía cósmica, por lo que el arte no debe imitar las formas exteriores sino reproducir las proporciones que gobiernan el mundo. El resultado será una arquitectura abstracta, ya que, aunque su fin sigue siendo imitar a la naturaleza, esa naturaleza, el universo, para Herrera , se reduce a líneas, planos y volúmenes  regidos por la proporción. El pretil, la imposta, el enlosado de la plataforma, todo tiene la misma calidad de ejecución que el resto de la cantería. Los desagües o imbornales se resuelven a base de ranuras practicadas en las piedras de la barandilla y se alejan del paramento mediante gárgolas cilíndricas. El enlosado del camino se ha mantenido oculto durante muchos años, bajo el firme de la carretera que cruzaba por el puente; apareció en 1985 al retirarse el aglomerado, cuando comenzaron las obras de ampliación del puente.

Afortunadamente, estas obras se pararon a tiempo y el puente se salvó de un destrozo irreparable. Cuando se planteó el ensanche de la carretera entre Torrelodones y Galapagar, allá por 1985, la primera solución en la que se pensó fue ensanchar el puente mediante voladizos laterales de hormigón, trasladando los pretiles de piedra a los bordes exteriores de los voladizos, y así comenzó a ejecutarse. Fernández Troyano nos cuenta que “esta solución levantó una fuerte polémica, interviniendo en ella la Dirección General de Bellas Artes que declaró el puente Monumento Nacional y no permitió su ensanchamiento, obligando a restituir el puente a su fisonomía original”. Provoca insana envidia ver cómo hace treinta años la ciudadanía, o las instituciones de protección del patrimonio, o ambas, consiguieron evitar lo que ahora no se ha podido con el destrozo del puente de Segovia o unos años atrás con casos aún más clamorosos como el derribo de “La Pagoda” de Miguel Fisac. Están desactivando la sociedad civil y debe ser tarea nuestra, de los técnicos, darle argumentos para defender su patrimonio. Las obras civiles son comunitarias y cada pérdida de valor es un menoscabo que sufre la ciudadanía y un síntoma de nuestro fracaso. Del Colegio, vendido a los intereses económicos de las grandes grupos constructores, nada se puede esperar ya. Ahora se vuelve a reproducir en Madrid la presión de los grupos de poder habituales y de sus palmeros para que el Ayuntamiento permita demoler la fachada del Edificio España. Afortunadamente, parece que los tiempos están cambiando. (Anota el Lobo: parece que "in extremis" la fachada del Edificio España se ha salvado; también la conjunción que forman las fachadas del edificio de Banesto y el del antiguo Banco Hispanoamericano aunque no sé bien si el del contiguo Banco Zaragozano, entra en el lote amnistiado.No ha sido así la malograda Casa Guzmán de Alejandro de la Sota y es muy probable que desaparezca la Casa Vallet de Goytisolo, obra de José Antonio Coderch y Manuel Valls. Veremos en que queda la consolidación o reforma -con grandes mutilaciones- de la iglesia de Nuestra Señora de la Fuencisla, obra de José María García de Paredes.)

La paralización del ensanche se consiguió en el último momento. Hasta tal punto que se llegaron a desmontar algunas partes del puente, como nos cuenta Fernández Troyano: “Al iniciarse las obras de ensanche se desmontó el pretil del puente, y también se desmontaron los sombreretes de los tajamares para apoyar la cimbra. La reposición del pretil y de los tajamares no se ha hecho adecuadamente porque todos los sillares se han rejuntado con mortero cambiando totalmente su fisonomía, que era de sillares en seco. Es necesario picar este rejuntado para recuperar en lo posible su fisonomía original“.

Es deplorable ver que las recomendaciones de una autoridad como Fernández Troyano no se han llevado a efecto en 30 años. Demuestra una falta de sensibilidad importante por parte de nuestra Administración. En la actualidad los sombreretes de los tajamares siguen en el estado en que quedaron entonces, con un relleno de mortero entre las juntas y un triste llagueado marcado a mano sobre el mortero fresco, como si se tratara del zócalo de cualquier chalet de la sierra próxima.

Todos los autores actuales de referencia, desde Fernández Troyano, hasta Manuel Durán o Javier León, son unánimes en la crítica a ese relleno de las juntas entre sillares con mortero de cemento: “siempre se produce un impacto visual importante, por lo general negativo, ya que modifica y falsea la fisonomía previa de la obra, oculta el aparejo original de la fábrica y, en ocasiones, algunos detalles constructivos que son importantes e incluso decisivos para el estudio histórico de las fábricas” 

Sorprende ver que en la restauración de muchos puentes, incluso en algunos de los incluidos en el plan de restauración de puentes históricos de la Comunidad de Madrid, se están incumpliendo sistemáticamente estas recomendaciones (el pastelito en que se ha convertido el puente Mocha, en Valdemaqueda, es un ejemplo notorio).

Pero además, en cierto sentido se produce una desvirtuación estructural. El propio Perronet relata como aun cuando se disponía mortero entre los sillares, se solía dejar rehundido para no transmitir las compresiones muy cerca del borde de la piedra y producir delaminaciones en los sillares.

En todo caso, es complicado ver los tajamares ya que el entorno se ha descuidado considerablemente, el puente está invadido por la vegetación de la ribera y resulta imposible acceder al pie del arco. Una pena no poder observar la estereotomía de sus sillares en el entronque de los tajamares  en los apoyos de las cimbras, como nos recomendaba Navascués , cuando todavía el acceso era posible. El cartel informativo que se puso hace 30 años se encuentra también en un penoso estado de conservación [...]

Para saber más: Las habituales referencias que incorporo para los caminos reales al Palacio-Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y que son:  El Inventario de documentos sobre el R.M. de El Escorial existente en el propio archivo de la Biblioteca escurialense para la época comprendida entre 1631-1882, obra de Benito Mediavilla Martín, donde existe correspondencia oficial sobre la necesidad de crear o rehabilitar determinados caminos, puentes y pontones de la red caminera al Real Sitio. El mapa levantado por Juan de Ugarte en 1844 que sigue el itinerario desde Madrid a los RR.SS. de El Escorial y La Granja también ubica algunas obras pontoneras. La intervención arqueológica que hizo Jesús Rodríguez Morales en el año 2007 estudiando la cronología de la Calzada de Galapagar así como el Camino Viejo y el Camino Real, con inclusión del Mapa de la Comprensión, levantado en 1.764. La vía romana del Puerto de la Fuenfría desde Segovia a Galapagar, obra del citado  Jesús Rodríguez Morales en colaboración con Isaac Moreno Gallo y Javier Rivas López y publicada en Traianvs, 2007. Existe un buen mapa del Estado Mayor del Ejército de 1.851 con el itinerario Galapagar-Navacerrada vía R.S. de El Escorial. Otro mapa militar del Estado Mayor republicano de la Sierra de Guadarrama, confeccionado en 1.935. Una obra importante es la de Pedro Navascués, titulada "Puentes de acceso a El Escorial", de 1.985. El muy interesante trabajo de Rosario Martínez Vázquez de Parga y Teresa Sánchez Lázaro, titulado "Puentes del Retamar y del Herreño sobre el río Guadarrama", publicado en la ROP de 1994 tomo 3336. Los pasos históricos de la Sierra de Guadarrama es una obra de Leonardo Fernández Troyano, publicado en 1.990 por la CAM y el CICCP de Madrid. Para la reconstrucción del Puente en el Camino de Monesterio ver el Pliego de cláusulas y condiciones de la CAM en expediente 09-CO-22-1/2004. Existe un folleto de la Ruta 9 correspondiente a la Red de Sendas del Parque Regional Medio de la Cuenca del Guadarrama editado por la CAM en colaboración con los ayuntamientos del entorno y que aportan itinerarios de los caminos reales y monumentos. Otro trabajo que puede ser muy interesante, aunque no he tenido acceso a él, es el titulado "Caminos de Madrid a El Escorial en la época de Felipe II y puentes singulares", obra de Margarita Torres Rodríguez y Fernando Díez Rubio, editado por la ETS de ICCP-UPM. Por último, en la revista del Ministerio de Fomento, Luis Solera Selvi publicó un artículo extenso sobre estos caminos y sus obras civiles bajo el título  "Huellas del pasado. Caminos Reales al Monasterio de El Escorial" en su número 660 de fecha abril de 2.016. Esta información es genérica para la serie de obras de los caminos reales que iré subiendo al blog.También el blog titulado "Los caminos históricos como recursos didácticos" en lo referente a El Escorial, ver aquí.

Para el caso concreto del Puente de Herrera, un noticia en el periódico digital Madrid Diario de fecha 21.11.2016 firmada por Javier García Martín, muy bien documentada sobre los puentes del siglo XVIII en el río Guadarrama y que aporta dos videos estupendos de estas obras civiles, especialmente desde el punto de vista geológico de su materil principal -el granito- y que están auspiciados por varios organismos académicos de Madrid como son la Fundación Madrid+d, el CSIC o la Facultad de Geológicas de la UCM. Focalizan su actuación en los puentes del Retamar, Alcanzorla, Herreño, Herrera y del Rosario. Ver aquí. El blog  FCK Estructural de Javier Parrondo -del que recojo gran información- es determinante para conocer esta obra. 

NOTA: Para mis controles y siempre con el gusto por los guarismos redondeados, añadiré que este fichero hace el número 200 de los que llevo subidos al blog y que no quiere decir que sea el puente número 200 ya que en muchos de los ficheros se añaden varias estructuras pontoneras de todo tipo. 

Cómo llegar: Desde Madrid, tomando la A-6 hasta el PK 18 donde nos desviaremos por la derecha para coger la M-505 desde su PK 0 (Carretera de Ávila) hasta el PK 14,300 donde, al llegar a una rotonda, cogeremos la carretera M-510 dirección Guadarrama-Torrelodones hasta llegar al PK 9,500 (justo antes de entrar en Galapagar) y tomaremos a la derecha la carretera local M-519 hasta el PK 3  donde nos encontraremos con el cauce del río Guadarrama, el puente contemporáneo de Fernández Troyano y el de Herrera. También podemos seguir por la A-6 hasta la salida de Las Matas, en el PK 24 y seguir por la vía de servicio hasta Torrelodones para coger la M-519 y seguir los pasos anteriores, pero es un itinerario más feo y aburrido.

También se encuentra en la Red de Sendas pedestres del Parque Regional del Curso Medio del Guadarrama y su entorno auspiciada por la CAM y el Ayuntamiento de Galapagar, dentro de la Ruta 6 que discurre entre Torrelodones, Galapagar y Colmenarejo y a través de la cual, se pueden ver varios de estos puentes. 

Ver los otros puentes de los caminos al Real Sitio de El Escorial:
























Tanda de fotos de fecha 31.01.2016

Vieja postal de los años 70 del siglo XX


Escribiendo sobre obras arquitectónicas desaparecidas, incorporo la famosa Pagoda de Miguel Fisac, en una acuarela del propio autor que hizo el 20.07.1999 al tiempo en que se demolía su obra.


2 comentarios :

  1. Muchisimas gracias por este excelentre trabajo. Da gusto leer estos atículos escritos por gente preparada, dando todo tipo de explicaciones y utilizando un lenguaje técnico y ameno. Gracias pir contribuir a la defensa del patrimonio artistico e histórico.

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  2. Gracias a ti, Javier, por leer este artículo y valorarlo.
    Lamento la tardanza en contestar pero estaba de viaje.
    Un cordial saludo.

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