miércoles, 31 de agosto de 2016

PUENTE DE MANSILLA DE LAS MULAS. León

PUENTE DE MANSILLA DE LAS MULAS-LE SOBRE EL RÍO ESLA.

 N-601 PK 309-310




Se trata de una obra medieval, posiblemente levantada sobre un antiguo puente romano del que no queda rastro. En el Bajo Medievo, hacia el siglo XII, esta localidad era conocida como Mansiella del Ponte y era el único lugar en muchas leguas a la redonda por donde se podía vadear con seguridad el río Esla en estiaje o bien, cruzarlo con toda seguridad por su antiguo puente cuando el nivel de caudal desaconsejaba vadearlo.

Las intervenciones en época barroca y neoclásica, muy necesarias pues el puente estaba en la ruina, han transformado la impronta del mismo, como ocurre en la mayoría de los puentes leoneses o palentinos, que tienden a conformar un estilo propio, ecléctico, donde se conjugan elementos medievales en algún arco, en pilas, en muros de acompañamiento o en tajamares y siempre, mezclados con lienzos de sillares o nuevos arcos, generalmente de medio punto que se corresponden con las restauraciones renacentistas o barrocas del siglo XVI y XVII. Completan el ciclo, las reformas y rehabilitaciones, más abundantes, producidas desde la llegada de los Borbones a nuestro país y la predisposición de los ministros ilustrados por mejorar y potenciar los caminos peninsulares. Se reforman los puentes en mal estado, muchos de ellos con tableros de madera desde tiempo inmemorial y se obra con un estilo más regular, ya sea en cantería, en muros, en bóvedas y baluartes de contención en cabeceras; predominan los arcos rebajados y tajamares-espolones en forma de huso; ligero ensanchamiento de tablero, buenos pretiles de fábrica y un aspecto o forma sencillo, de robustez y recuperando las líneas clásicas. Se sigue la escuela de cantería propia de los maestros trasmeranos aunque empieza a imponerse la forma, planimetría y técnicas más académicas, propias de los ingenieros militares.

Registro histórico: La información que aporta Aramburu-Zabala en su obra "Arquitectura de puentes en Castilla y León entre 1.575 y 1.650" editada en 1.992 por la propia Junta de CyL. es muy escueta: Terminado en 1.571 sufrió reparos en 1.573 y tiene información de que en 1.650 estaba en muy mal estado.Por su parte, Inocencio Cadiñanos es más explicito en su trabajo titulado "Puentes de León. Revista Tierras de León, nº 113 del año 2.001". Lo cita como una de las obras civiles más importantes del Camino de Santiago. En tiempos de Carlos I (1516-1556) estaba arruinado y lo repara el maestro cantero Juan Mondragón que facturó 4.700 ducados por la obra que satisface el Almirante de Castilla, Luis Enriquez y Téllez-Girón y la propia villa ya que eran los que lo llevaban o lo explotaban cobrando el correspondiente pontazgo. De nuevo, el municipio informa de su ruina en 1.569 y lo inspeccionan Rodrigo de la Tijera, Juan del Ribero y Vicente del Río aunque la obra la remata en 4.690 ducados el equipo formado por Bernabé de Vega y Juan López Rojas actuando sobre un estribo, un paredón y manguardias. En 1.727 las riadas producen nuevos deterioros en manguardias, muro de contención y las cepas de algunas pilas. Lo inspecciona en primera instancia Miguel de la Fuente y posteriormente, Félix de la Fuente Velasco y Felipe Álvarez de la Viña. El remate final y acometida de obra lo efectuará Bernardo de la Teja por 5.800 ducados. Los maestros canteros Félix de la Fuente y Andrés Gato añadieron algunas obras precisas. En 1.779 se producen nuevos reparos encargados a Pedro Arnaiz, Diego Martínez y Juan Antonio de la Riva cuyo coste es de 313.000 reales. A la muerte de J.A. de la Riva le sucede José de la Riva aunque éste, fue recusado por el insigne arquitecto Ventura Rodríguez que propuso a Bernardo Gracedo e Ignacio de la Portilla. Las últimas restauraciones se producen con el ensanche del tablero en los años 60 del siglo XX para homologar el ancho con el de nuestras carreteras nacionales.

Por otra parte, existe un espléndido estudio sobre el tema de María José Redondo Cantera en colaboración con el ya citado Miguel Ángel Aramburu-Zabala titulado "La construcción de puentes en el siglo XVIII: Innovación y tradición" que figura en las Actas del primer Congreso Nacional de Historia de la Construcción celebrado en Madrid en septiembre de 1.996 y editado por CEHOPU donde se analizan las disputas de la época entre la cantería de tradición secular y las nuevas corrientes ilustradas auspiciadas por las Reales Academias donde aprenden arquitectos con formación más científica o artística y más tarde, ingenieros militares que construían puentes, carreteras y fortalezas. Independientemente de que existen discrepancias con algunos personajes que intervienen en las diferentes obras de restauración o rehabilitación del puente de Mansilla de las Mulas en relación con lo que expone Cadiñanos, Redondo y Aramburu-Zabala aportan información sobre los roces e interferencias así como la diferencia de criterios constructivos en este puente entre personalidades de la talla de Marcos de Vierna, fiel observador de la tradición del gremio canterano, aunque aceptando algunas innovaciones del propio siglo en que vivía con la visión de otros técnicos como las de los arquitectos Sancho Menéndez y José Ortíz de Solares, el ingeniero José Santos Calderón de la Barca o el propio director de esta obra, Pedro Arnaiz que fue, al fin y al cabo, quién ejecutó la última gran reforma, añadiendo los dos arcos fantásticos que aún podemos admirar. La vieja escuela de maestría se resistía a abdicar ante los técnicos y academicistas llevando a cabo su máxima, en palabras del propio Arnaiz: solidez, firmeza, arte, estabilidad y hermosura, como principios básicos en la construcción de un puente.  La web del Patrimonio Hidráulico de la Confederación Hidrográfica del Duero aporta fotos e información sobre esta obra. Por último, La Nueva Crónica de León en la edición del 05.08.2017 divulga un interesante artículo de Luis Solera Selvi sobre esta obra civil incorporando varias fotos.

Características de la obra: Posiblemente, en origen y en virtud de las obras de aterramiento en cabeceras del siglo XVI para nivelar la rasante y que aún podemos observar, era un puente con tablero a dos aguas. Actualmente, presenta un tablero rectificado que no llega a la horizontalidad, aunque lo intenta, con 166 metros de longitud y un ancho total de 7,87 metros, correspondiendo a calzada 4 metros y el resto a las aceras que en realidad, son voladizos de hormigón correspondientes a una reforma llevada a cabo en los años 60 del siglo XX. Los casi dos metros de cada acera son muy necesarios ya que por este puente cruzan miles de peregrinos, a veces en grandes grupos, al estar ubicado en plena ruta jacobea.

Dispone de 8 vanos con luces que oscilan entre los 15 y 9 metros siendo los más reducidos los de cabecera derecha; se configuran en arcos de medio punto salvo un par de ellos, más rebajados. Las aguas discurren normalmente por los tres primeros arcos de la derecha (desde aguas arriba) y un regato por el cuarto. Por el octavo, discurre un viejo camino de origen medieval que circunvala la muralla de esta villa. Buen trabajo en bóvedas, especialmente en las reconstruidas y desigual trabajo en el dovelaje de boquillas.

La fábrica es muy variada en estilo, forma, tamaño y calidad. Predomina la piedra arenisca, aunque hay algo de toba, caliza  y cuarzo en canto rodado. Existen lienzos de sillar apropiado, con calidad en la talla, mezclado con sillarejo y mampuestos hasta la línea de impostas. En la cabecera izquierda es donde se aprecia obra más antigua, incluida la correspondiente a lo que fue muro de acompañamiento, ahora invadido por casas construidas sobre éste, y los de refuerzo para encauzar las aguas bravas cuando había grandes avenidas. Aguas arriba se pueden ver tres tajamares en forma de huso y otros 4 en forma de cuña, probablemente los de origen medieval. Aguas abajo, existe un espolón medieval de características semejantes a sus opuestos tajamares, otro cuadrangular a modo de contrafuerte y el resto, también antiguos, muy disminuidos por derrumbes y con mucho lodo circundante, parecen también en forma de cuña.

El tablero dispone de 4 descansaderos triangulares en cara "aguas arriba" que son los propios tajamares que llegan hasta rasante y en el lado contrario sólo dos descansaderos en cada extremo, uno en forma rectangular y el otro triangular, siguiendo las formas de sus propios espolones. Hacia la villa se ensancha la cabecera. En bordes, viejas barandillas de hierro, farolas y semáforos para regular el tráfico pues debido a su angostura el tráfico es de una sola dirección, alterna. Calzada con variados recrecidos de asfaltos y no existe limitación de tonelaje para su cruce. Como decía, se ha ensanchado el tablero con dos voladizos de hormigón con tornapuntas de acero también cubierto de hormigón. Subsiste una línea de piedra sobresaliente en impostas, como único motivo decorativo desde su origen sobre la que se asentarían los pretiles de piedra ahora desaparecidos.

En ambas cabeceras se aprecia parte de los muros de aterramiento, con obra en sillares de calidad, muy antiguos y otras partes con predominio de canto rodado asentado con fuerte mortero; en margen izquierdo se pueden apreciar algunos hitos de piedra con la típica forma acuchillada hincados en el suelo y que se corresponden con antiguos guardarruedas, muy habituales en el siglo XVIII.

Su estado actual es más que deficiente: Se ha perdido la conexión de algún tajamar con la pila, quizás por deslizamiento. Los paramentos de los primeros tajamares, desde margen izquierda, tiene grietas muy acentuadas que predicen la caída de varias hiladas de sillares; algunas piezas ya han caído. Se aprecian bastante las groseras lechadas de cemento en los pies de algunas pilas que por cierto, se están descalzando, quizás por las fuertes avenidas de este mismo año. Y como siempre ocurre y aquí no va a ser menos, la nula visión de los organismos oficiales -especialmente la CHD (Confederación Hidrográfica del Duero), la Diputación de León o el propio Ayuntamiento- en adecentar el lugar, anejo al monumento, habilitando paseos o caminos por los que pueda acceder el visitante a las partes bajas del puente para admirarlo y fotografiarlo. Son determinantes las podas de arbolado y la entresaca permanente de maleza y arbustos que aquí, no se producen desde hace años. Es prácticamente imposible contemplar esta obra plena o bajar hasta el cauce por lo intrincado de la fronda de ribera que en muchas ocasiones, disminuye la capacidad de desagüe de los vanos. Excesivos ramajes, líquenes y eflorescencias en paramentos, bóvedas y muros. Se mantiene una cutre canaleta a lo largo de uno de los bordes del tablero que tapa la zona de claves de los arcos y que dice muy poco por el interés institucional en mantener en buen estado una obra de estas características. En fin, parece que la estructura ha perdido parte de esa hermosura que le dio en su día, su constructor Pedro Arnáiz.

No hay señalización de tráfico que informe sobre este monumento. Tampoco hay cartela que informe sobre las características e historia del puente. Existe un cartel -no obstante- en cabecera izquierda, junto al crucero jacobeo que informa del itinerario del Camino de Santiago hasta León y, curiosamente, exhibe una foto de la conocida y cercana estructura de Puente Villarente sobre el río Porma, a un par de kilómetros de este lugar.

Cómo llegar:  Se encuentra en la carretera nacional N-601 en su PK 309,500, a la salida de la villa en dirección a León. Otra opción rápida es la autovía A-231 (León-Burgos) cogiendo la salida 21 que enlaza con la ya citada N-601 en dirección N/NW hasta la localidad de Mansilla de las Mulas. De esta localidad también parte la inigualable carretera nacional N-625 que cruza entre otras maravillas el Parque Nacional de Picos de Europa para terminar en la N-634, pasado Arriondas tras recorrer la distancia de 155 kilómetros.





Dos tomas de fecha 04.08.2012























Tanda de fotos realizadas el 27.06.2016


 

Vieja imagen del puente, probablemente de los años 20 del siglo XX que divulgó la revista del Centro Regional Leonés en Buenos Aires y que tomo del blog meprestaleon.



Imagen del año 2.007 que publica la web Patrimonio Hidráulico del Duero y que administra la propia CHD.


Una buena aunque rara instantánea en la que se pueden observar -al menos- cinco de sus arcos. Tomada en abril de 2.012 y que se puede ver en la web del catálogo de puentes del Camino de Santiago.



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