domingo, 14 de enero de 2018

PUENTE DE CASTRILLO DE LOS POLVOZARES

PUENTE DE CASTRILLO DE LOS POLVOZARES SOBRE EL RÍO JERGA. León

LE-142 PK 5,50



La actual conexión entre Astorga y Ponferrada se hace con cierta suavidad a través de la autovía A-6 pero durante siglos, se utilizó un itinerario diferente, quizás hasta incómodo, aunque llevadero porque era más corto, a través de collados y cordeles, evitando las vaguadas, zócalos, tramos de gran pendiente, como el puerto del Manzanal o, sencillamente, evitando el vadeo de ríos que precisaban la construcción de puentes sobre cauces mayores.

Efectivamente, hacia los puertos de los Montes de León y Ponferrada partían dos rutas que seguían el trazado de las correspondientes calzadas romanas: Más hacia el norte, discurría lo que actualmente es la N-VI (vieja calzada romana y camino real) y por el SW discurría desde la propia Astorga otra vía que pasaba por Murias de Rechivaldo, Castrillo de los Polvozares, Rabanal del Camino, Foncebadón, Riego de Ambrós, Molinaseca y acababa en la citada Ponferrada, en un camino que para caballerías y carros, se dice que era más transitable; de hecho, en algunos puntos más problemáticos por avenidas o encharcamientos, se producían variantes alternativas, como ocurre en Murias de Rechivaldo, donde hay una bifurcación, o bien, en Rabanal del Camino (aún quedan vestigios de un canal romano que abastecía a la mansio de La Fucarona) punto donde la ruta de desglosa para superar el alto de Foncebadón y sigue por Manjarín y El Acebo; una variante, quizás más antigua, desciende hacia el valle buscando los viejos pasos pontoneros conocidos como del Mal Paso sobre el río Meruelo con destino en Molinaseca. La otra alternativa era seguir por la actual carretera local, esto es, la LE-142 hasta Molinaseca por Riego de Ambrós. Estos caminos ancestrales, aunque se entrecruzan en algunos tramos, abocan ya unificados en la bajada hacia Ponferrada, punto central y capital de El Bierzo.

Bien, en esta ruta plenamente jacobea, ya que es Camino de Santiago francés, se pueden cazar puentes muy interesantes, como son los de Molinaseca, Santa Coloma de Somoza y la bella estructura conocida como Puente Mascarón, en la entrada a Ponferrada. Aunque de menor importancia, en Castrillo de los Polvozares me encontré con dos obras pontoneras interesantes sobre el río Jerga. Un puentecillo que todavía mantiene un tablero de viga de acero en celosía inferior y el puente que presento, difícil de datar en su origen, pues apenas quedan como restos pétreos las pilas (reconstruidas mayormente), estribos y lienzos de mampostería en los muros de acompañamiento, no obstante y a juzgar por sus modificaciones, ha sido un puente muy útil para el trasiego y comercio de la zona; diría que hasta ha servido y puede que aún se utilice para el paso de maquinaria agrícola cuando, por efectos de crecidas o lodazales en esa amplia terraza donde se ubica, carros y máquinas no podrían utilizar el vado natural junto al que nuestra obra está enclavada.

La impronta que presenta la obra es la de un puente ancestral, mítico, de los que quedan pocos en nuestro territorio. Cuando no servían los largos tableros para cruzar el vano que producía la corriente, se tiraban rocas grandes hacia un punto medio del cauce sobre el que seguían apoyando los troncos o tableros que servirían para transitar sobre ellos, al menos, viajeros, caballerías o recuas de transporte. Este sistema se perfeccionó y los propios romanos construyeron puentes a base de pilas de mampostería o sillería intermedias con el fin de que sirvieran de apoyo a tableros netamente de madera; estas pilas se hacían anchas, para soportar tableros que guardaran la propia anchura de la calzada a la que daban servicio. No obstante, salvo casos especiales, la técnica romana permitía vanos más grandes y este puente dispone de un par de vanos de amplias luces -es un decir- y el resto son pequeños por lo que la solución para cubrirlos es la ancestral, la que se ha utilizado hace varios milenios, desde el Oriente próximo hasta la Magna Grecia y consistía en cubrir estos huecos a base de lajas, en este caso no por aproximación, sino buscando piezas tan largas que pudieran salvar el vano y apoyaran en sus rústicas pilas aledañas.

Incluso los vanos mayores, es muy probable que se hayan cubierto con tableros de madera -con cerchas o pies derechos- pues la obra civil es de muy baja rasante y no parece que haya dispuesto de arcos salvo que estos fueran muy rebajados y ello no parecía factible en los tiempos en que pudiera haber sido construido originariamente, probablemente en el Bajo Medievo como mera obra rústica, o bien, se tratara de diferentes reconstrucciones  desde su dudoso origen hasta nuestros días.

Pascual Madoz, en su famoso diccionario enciclopédico, aporta datos de pueblo pero no cita ningún puente aunque también es verdad que tampoco hace referencias a su río Jerga.

Quizás, la única referencia escrita de esta obra, la hallo en un artículo publicado en Astorga Redacción, con fecha 21.03.2014 y escrito por Miguel García Bañales, titulado "La vía romana número XX y el Camino de Santiago", donde explicándonos el itinerario y ya en esta localidad, parece que cita los dos puentes: [...] Llegando por Las Paleras (donde está el parque) a Castrillo, pasaría el reguero por algún puente de circunstancias, como el que se ve hoy, enfilaría hacia el pueblo y cogiendo por la calle Real hasta el final del mismo, donde llaman el Calvario .../...  De aquí por la derecha del Jerga seguiría hasta Santa Cruz .../...  De Santa Cruz seguiría a El Ganso y a continuación  por tres topónimos 'calzada' (uno se ve en el terreno, aún hoy perfectamente) hacia Rabanal del Camino. En este último tramo seguramente en el siglo XVII o XVIII, cuando se construyen los Caminos Reales que modificaron el camino, se sale de la calzada, que se llamará desde entonces “el antiguo Camino Francés” y el nuevo pasará por el puente “Pañote” (Peñote). Por lo que vemos, esto descarta que la calzada nº XX pasara por San Fresme – Murias, es decir que la Vía XX pasaba por Castrillo de los Polvazares y por lo tanto, también, el primitivo Camino de Santiago [...].

Características actuales de la obra: La obra parece que se asienta en una zona lagunar o encharcamiento duradero cuando el río Jerga iba crecido. Se ve claramente la disposición del vado, ahora con cubierta de piedra, pero para salvar un posible caudal alto, se recurrió a la obra civil, incluso pudo ser más larga de lo que actualmente se observa.

De lo que podemos observar ahora, queda un tablero con una longitud de 40 metros hasta las propias rasantes de la calzada donde empalman los estribos perdidos de la obra pues realmente, son simples muros de acompañamiento que llegan a los suaves zócalos en ambas cabeceras para discurrir después como firme viario. La anchura del tablero es de 2 metros, semejante al grueso de las pilas viejas; tableros tan estrechos son muy propios de obras medievales que solían carecer de pretiles, dada la propia angostura de sus tableros. El tablero parece que tiene cierta oblicuidad con respecto al actual cauce -cuando lleva agua- y aunque recto, existe cierta curvatura en cabecera izquierda para acometer mejor su dirección intramuros, hacia la actual calle de La Magdalena.

Dispone de cuatro pilas cuadrangulares; dos en cabecera izquierda (desde aguas nacientes) que parecen antiguas, una tercera más gruesa rehabilitada y una cuarta muy maciza -un auténtico muro- y diría de reciente construcción. Tiene un par de tajamares en lado izquierdo que refuerzan las pilas que considero más antiguas. No hay más tajamares y aguas abajo tampoco dispone de ningún espolón.

Respecto a los vanos, dispone de 5 que son adintelados y sus luces son de 6+7+4+3+1,60 metros, siendo los más regulares los de cabecera izquierda y en el extremo opuesto y separado del resto, una tajea, donde arranca el propio puente.

Lo que se muestra de fábrica es a base de mampostería de diversas formas y calibres. Predomina el mampuesto de cara externa lisa, muy irregular en volumen, con piezas ciclópeas mezcladas con otras menores que se aglutinan con grandes masas de mortero. Las zonas más bajas, como son las basas o arranques de pilas así como partes de los tajamares, presentan un trabajo de cantería más meritorio, incluso se observan sillares de buen tamaño con cierta escuadría y disposición en hiladas horizontales, especialmente en tajamares, que ciertamente, no guarda relación con el resto de fábrica. También en cabecera izquierda se aprecia mayor antigüedad en los aterramientos o muros de contención que elevan esa salida, con mampostería lisa o desbastada en gran parte aunque irregular y con mucho mortero pero que en rasante, todavía se aprecia la configuración de la caja donde sobresalen los cantos o bordes de la calzada a base de grandes mampuestos -quizás eran la zona de rodadura de carros- y un interior de relleno con cascote, gravas y arena pero que aún sirve como firme.

Todo lo que se aprecia en cabecera derecha parece intervención nueva, de alguna reciente restauración de este monumento. Como decía, lo más llamativo de esta obra serían las bóvedas adinteladas. Por desgracia, las de los vanos mayores han desaparecido y en una grosera intervención se han cubierto a base de sencillas viguetas  de hormigón armado prefabricadas aunque muy antiguas, con perfil en I y entre ellas, un encastrado de plaquetas de hormigón que constituyen su actual cubierta sobre la que se dispone un firme a base de hormigón -visible en cantos- , actualmente muy deteriorado; en el resto del firme predomina una capa de grava y arena cobertera. Sin embargo, las bóvedas de los dos siguientes arcos se disponen por medio de lajas de piedra esquistosa tan largas que cubren sus vanos respectivos apoyando en sus pilas y constituyen además, el firme de estos tramos del puente. La correspondiente a la tajea también se cubre con losas de piedra caliza.

Lo cierto es que, si la reciente restauración de esta obra ha sido fiel a la vieja impronta que tenía, disponemos de un puente significativo, reflejo de una pontonería ancestral, quizás la más común durante muchos siglos, aunque actualmente queden pocos ejemplos, salvo los habituales que salvan regatos y arroyadas en muchos valles de nuestra geografía y que siguen teniendo unos pequeños tableros a base de losas de piedra o incluso maderamen. Lo interesante de este caso es que se trata de un puente, más o menos largo, que intenta cubrir sus vanos a base de losas, prescindiendo de arcos, en un trabajo simple y económico aunque más duradero que la solución de tableros de madera y que se ha repetido innumerables veces a lo largo de la historia.

Al igual que ocurre con otras muchas calles de este pueblo, la calzada a la que da servicio esta obra civil, se ha cubierto con un enlosado de piedra arenisca roja, intentando dar al conjunto un aspecto medieval interesante y ciertamente el pueblo actualmente es un punto de visita y encuentro muy frecuentado por el turismo leonés que acude allí, no sólo al buen yantar -que lo tiene y bueno- sino que pasea, admira y fotografía este núcleo de aspecto tan vetusto aunque muy reformado.

Como siempre digo y desgraciadamente, no existen señales que dirijan a este monumento ni tampoco hay carteles para el curioso visitante donde pudiera explicarse la historia del puente. Es un mal endémico de este país en lo relacionado con su patrimonio pontonero y resulta curioso pues si nos atenemos a ciertas teorías, estudios y proyectos ingenieriles muy contemporáneos, existe una mentalidad técnica abierta a incorporar la estructura en el paisaje y buscar un punto y perspectiva que atraiga a la sociedad hacia estas obras que suelen pasar tan desapercibidas para el común de los mortales. Aunque los lobos tenemos poca memoria y en relación con este tema, hoy recuerdo -porque lo leía esta mañana- un trabajo del ingeniero Pedro Plasencia publicado en la revista Informes de la Construcción, número 535 del año 2.014 bajo el título "Puentes, Sociedad e Ingeniería" y en cuyo capítulo V titulado "Cuatro vías de acercamiento de la sociedad a los puentes" reflexiona sobre este olvido, carestía o desinterés público y notorio con respecto a unas estructuras que, curiosamente, si no existieran sería inviable nuestro movimiento. Ciertamente, nos puede gustar viajar, movernos por el territorio pero, sin puentes, sería imposible, luego..., estas obras civiles, por modestas que nos parezcan, tienen su sentido e importancia. Bueno, yo llevo ventaja en el asunto pues empecé a fijarme en ellos debido a mi punto de vista conduciendo, mucho más elevado que el de los automovilistas que marchan en turismos a grandes velocidades; yo circulaba lento, en mi camión, pudiendo observar con mayor detenimiento puentes y pontones, incluso con mayor comodidad, amplitud y panorámica para hacerles algunas fotos, cuando se terciaba. Tengo muchos ejemplos, pero quiero focalizarlo en una obra concreta por donde pasan miles de automovilistas a 120 kms/hora, encelados en el asfalto, por la A-4 cruzando en un flash el Arroyo Salado de Porcuna. En mi caso, incluso aminoraba la marcha en ese punto para recrearme visualizando el vetusto puente romano conocido como Puente de Villa del Río, pegado a la gran autovía, que permanece erguido, mostrándonos su firmitas.

Bueno, siguiendo con Castrillo de los Polvozares, aguas arriba de esta obra, existe otra de características parecidas aunque peor tratado a base de tableros de hormigón pero aún mantiene un par de pilas de fábrica que denotan un cierto origen de puente con tablero de madera, al viejo estilo. Como ya he mencionado, a la entrada del pueblo por la LE-142, también existe un puente mixto, de piedra, hormigón y viga de metal en celosía, de cierto interés, muy común en las carreteras leonesas de segundo y tercer orden según catálogos pontoneros de obras públicas puestos en práctica a principios del siglo XX, por lo que he podido comprobar. También tengo referencias, aunque no lo conozco, de un llamado Puente de las Brujas, sobre el arroyo de Val Seco, que dispone de una sola bóveda escarzana apoyada en extremos sobre plintos de piedras, a modo de estribos y sin más estructura pues el extradós, con una fina capa de tierra,  hace de calzada para su cruce.

Por demás, señalar que este pueblo en fue declarado CHA (Conjunto Histórico Artístico) en el año 1.980 y hasta en un certamen que organizó el periódico Público en 2.017 se le declaró "el pueblo más bonito de España en otoño". Si te gusta conducir, la endiablada carretera LE-142 te sorprenderá por su dureza, por su dificultad, pero también por la belleza que contiene su itinerario.

Para saber más: Nuestro puente es muy modesto y no aparece reflejado en papeles. En el trabajo titulado "La construcción del territorio: Caminos y puentes en Castilla y León" de Pilar Chías y Tomás Abad, nos informan sobre el itinerario, historia y monumentos de la actual LE-142 y hace referencias al Camino de Santiago, aunque no cita este puente. El compendio "Catálogo de puentes de León anteriores a 1.936" de JAFO y los autores anteriormente citados, trata con más detalle el trazado de este viejo camino pero tampoco cita nuestro puente que, evidentemente se encontraba en la ruta y también era muy utilizado por los míticos arrieros maragatos en sus viajes a Galicia. Este pueblo y otros de la zona maragata tienen la suerte de gozar de muy buenos blogueros que exhiben en sus muros las riquezas de esta tierra y hacen historia de su zona, entre los que apunto los siguientes: elpaisquenuncasecaba, astorgaredaccion, diariodevalderrueda y arquitecturapopular aunque para mi gusto, por ser el único que subió foto de nuestro puente, es el de María del Carmen García titulado castrillodelospolvozares. Respecto a la jodida carretera, ya hacía referencias de ella en un artículo que escribí para el diario leonés La Nueva Crónica donde, aun cuando escribía de puentes -que es lo mío- también relaté mi experiencia corriendo esta dura calzada.

Cómo llegar: Como señalo en cabecera de artículo, nuestro puente se encuentra en el PK 5,50 de la carretera provincial LE-142 (Astorga-Ponferrada). La vía rápida más cercana es la A-6 que deberemos dejar en su PK 326 o PK 329 para seguir por la vieja nacional N-VI hasta Astorga, sin abandonar la travesía, hasta llegar a una rotonda a la altura de la calle de Los Mártires, donde tomando dirección W cogeremos la citada LE-142 hasta nuestro destino en Castrillo de los Polvozares. Cruzando el primer puente y adentrándonos por sus calle empedradas, la de la Iglesia y la de Magdalena, llegaremos a una explanada donde está el río Jerga y nuestro puente.




Cartel de entrada al pueblo. Toma de fecha 28.03.2017


Es lo más antiguo en fotos que he encontrado. El puente se encuentra a la izquierda de la yunta de bueyes en la trilla. Imagen obtenida del interesante blog castrillodelospolvozares que lleva María del Carmen García. Está datada en el verano de 1.971.





Dos interesantes fotos en las que río Jerga lleva un importante caudal. Son de fecha 07.02.2011 y también pertenecen al blog castrillodelospolvozares.



Otra foto de nuestro puente datada en fecha 15.11.2011 tomada del blog de Carmen Delia Díaz.




Tres fotos de fecha 14.10.2012




















Tanda de fotos de fecha 28.06.2017




Curiosa imagen del cruce del vado, en la amplia terraza que forma el río Jerga. Probablemente es de los años 50/60 del siglo XX. Material tomado del blog de castrillodelospolvozares.

OTROS PUENTES DEL PUEBLO:




Éste se encuentra aguas arriba de nuestro puente y tiene una impronta parecida aunque más rústico y probablemente, más abandonado. Foto de fecha 14.10.2012




El conocido "Puente de la Bruja" en instantánea de fecha 08.01.2017 tomada del blog de Carmen Delia Díaz.




Interesante foto del puente de La Bruja, tomada con fecha 21.12.2010 y que exhibe el blog de entrepalerasyencias.








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